-¡Quiero ser feliz!- grité.
-¿Has pensando en ir a la costa, Alan?- preguntó ella.
-¿A la costa?- me dije confundido.
-Quizás encuentres lo que estás buscando. Pero hazlo antes de que el sida te encuentre.- agregó.
-Ya lo hizo. Por eso no puedo ser feliz.

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